El 24 de junio de 2026, dos terremotos de magnitud 7,2Mw y 7,5Mw cambiaron la vida de miles de familias en Venezuela. Hoy, mientras la emergencia pierde presencia mediática, las acciones de rescate han finalizado y los sobrevivientes reciben cuidados psicológicos y médicos primarios. Las ayudas humanitarias nacionales e internacionales comienzan a retirarse, la atención de los medios internacionales desaparece y la de los nacionales disminuye. Nuevos titulares – política, fútbol, guerras, elecciones, transiciones políticas, inflación, conflictos globales – vuelven a capturar la atención colectiva.
Sin embargo, la población enfrenta una realidad cruda y dolorosa que apenas empieza a emerger en el cotidiano. La magnitud de la tragedia ante nuestros ojos. Las imágenes del desastre, el sufrimiento de quienes lo perdieron todo —hogares, edificios, referencias vitales, familias, hijos, padres, abuelos, amigos— los desplazados, los desaparecidos, los suicidios, los amputados. Todos ellos se enfrentan a un desafío monumental: reconstruir sus vidas.
Las imágenes que nos dejan estos devastadores terremotos nos colocan frente a un concepto que el analista junguiano Niel Micklem denomina la imagen intolerable: experiencias y contenidos psíquicos extremos, vinculados a traumas profundos o estados psicóticos, que paralizan el alma y desorganizan la psique.
Micklem recurre a la figura de Medusa para ilustrar este fenómeno. Mirarla directamente provoca una petrificación: la psique queda inmóvil, incapaz de procesar la realidad. Según Ovidio, Medusa fue una joven sacerdotisa ultrajada por Poseidón en el templo de Atenea. La diosa, enfurecida por la profanación, castigó a Medusa transformando su cabellera en serpientes venenosas y condenándola a convertir en piedra a quien la mirara.
Psicológicamente, los traumas severos producen un efecto similar. La psique queda incapaz de procesar, contener o integrar el terror que emerge. La imagen es tan atroz que desconecta al individuo de la realidad.
El analista arquetipal Rafael López-Pedraza amplía este concepto para explicar cómo crisis históricas, guerras o catástrofes naturales pueden impactar el inconsciente colectivo con tal fuerza que generan un horror emocional imposible de procesar conscientemente. La sociedad entera puede quedar atrapada en una imagen intolerable que afecta su salud psicosomática.
La crisis extrema que vive hoy Venezuela puede generar una parálisis psicológica semejante a la de quienes miraban a Medusa. La población puede entrar en un estado de indefensión aprendida, desconexión emocional, pánico colectivo y trauma social.
Si esta parálisis se consolida, la psique colectiva corre el riesgo de quedar atrapada en un estado regresivo. Se bloquea la capacidad de acción y respuesta. La sociedad comienza a normalizar la tragedia.
Aquí es crucial introducir el concepto propuesto por Carlos Gustavo Jung, la restauración regresiva de la persona. Para Jung, la regresión – el retorno temporal de la energía psíquica hacia el pasado – no es negativa en sí misma. Su valor depende de cómo fluye la energía psíquica. Puede retroceder y estancarse, generando posturas infantiles colectivas, baja autoestima, dependencia, parálisis, quejas, sumisión, pasividad o neurosis.
O puede retroceder para buscar recursos perdidos en el inconsciente y regresar con una postura más creativa, fértil y responsable. Esta segunda vía permite que lo colectivo, lo social y lo individual se reconecten con su capacidad de respuesta, acción, creatividad y responsabilidad.
Si esto ocurre, el país podría responder desde un lugar más digno, más equilibrado, más unido, más desarrollado y más claro respecto a su dirección.
Tras la tragedia del doble terremoto, el desafío a corto, mediano y largo plazo es evitar que la energía psíquica del colectivo quede fijada en el pasado. Es necesario facilitar que fluya hacia adelante, transformando el miedo y la parálisis en respuestas y acciones creativas.
Desde la psicología arquetipal, una propuesta para acompañar el proceso de reconstruir la psique colectiva es con la presencia simbólica de tres arquetipos fundamentales: Hestia, Afrodita y Hermes.
Hestia representa el fuego del hogar, la estabilidad emocional y la vida cotidiana. Su presencia puede inspirar la reconstrucción del hogar físico y simbólico, creación de nuevos lazos comunitarios, recuperación del sentido de pertenencia, espacios de silencio e introspección para procesar el trauma y rituales permanentes para honrar a las víctimas. Hestia ayuda a volver al centro, a recuperar el suelo psíquico perdido.
Afrodita devuelve la empatía, el afecto y el agradecimiento hacia la vida. Su acción puede impulsar la expresión del dolor a través del arte (pintura, escultura, poesía, música, escritura), la compasión comunitaria, el acompañamiento emocional mutuo, el reencuentro con la alegría y restablecer el deseo de vivir, la certeza de que siempre hay futuro después de la devastación. Afrodita reanima el eros colectivo, la fuerza que vuelve a unir a las personas.
Hermes es el dios del intercambio, la comunicación y los caminos. Su energía puede facilitar el diálogo abierto sin estigmatizar posiciones, la negociación y la cooperación, la ayuda práctica y logística, la movilidad de los desplazados hacia nuevos rumbos, la creación de puentes de comunicación claros y transparentes. Hermes devuelve el movimiento, la circulación de ideas, personas y soluciones.
La tragedia ha dejado una imagen intolerable en la psique venezolana. Pero esa imagen no tiene por qué convertirse en piedra. Si el colectivo logra que su energía psíquica fluya hacia adelante —acompañado por el fuego de Hestia, el eros de Afrodita y los caminos de Hermes— podrá transformar el trauma en creatividad, la parálisis en acción y el dolor en una nueva forma de comunidad.
La reconstrucción no será solo material: será simbólica, emocional y comunitaria. Y de ese proceso puede emerger un país más consciente, más comprometido, más unido y más capaz de sostener su propio futuro.
Julio 2026
Carolina Ángel de Chirinos
Lic. en Psicología. M.Sc
Analista Junguiana. Didacta y Supervisor.
carolinachirinos_a@hotmail.com