Carolina Ángel de Chirinos
Analista Junguiana
“El silencio de La Guaira se quebró con el traslado de al menos 40 niños que fallecieron tras los recientes terremotos y cuyos cuerpos permanecieron sin ser reclamados por sus familias. La caravana fúnebre llegó hasta el Cementerio de La Esperanza, donde se les dio sepultura en medio de un ambiente de duelo colectivo”. (…) “Las historias y las identidades de estos niños permanecen, por ahora, desconocidas.” 1
La dimensión de la tragedia que se sigue viviendo en Venezuela nos quiebra el alma y la estructura emocional de un país. La ausencia de registros, nombres y vínculos familiares convierte este acontecimiento en un fenómeno que interpela directamente la identidad venezolana y su capacidad de elaborar un duelo. Procesar esta experiencia exige tiempo, validación y un lenguaje que permita nombrar lo que, por su magnitud, tiende a volverse indecible.
Frente a la tentación de normalizar la tragedia como mecanismo de defensa, surge la necesidad de resistir el olvido y sostener la memoria como acto ético, emocional y político. En la geografí mítica del inframundo griego, dos ríos representan fuerzas psíquicas fundamentales: Lete, cuyas aguas inducen al olvido eterno y Mnemosine, que preserva la memoria y posibilita construir la continuidad de nuestra historia personal y colectiva. Estas imágenes ofrecen un marco conceptual para comprender la tensión entre disolución e identidad en momentos de crisis colectiva. Lete, aunque carente de culto formal, simboliza una fuerza profunda: el olvido como alivio del dolor o como maldición que borra la identidad. En la tragedia griega, las almas bebían de sus aguas para olvidar sus vidas pasadas y comenzar una nueva existencia libre del peso de los recuerdos anteriores. En el contexto venezolano, esta meta fora adquiere relevancia: el olvido amenaza con desintegrar la memoria colectiva, su identidad e impedir la elaboración de un duelo nacional. Mnemosine, en la mitología griega, no solo era uno de los ríos que circundan el Hades, también era la diosa de la memoria y madre de las musas, encarna la facultad de recordar y transmitir cultura y el conocimiento. En términos psíquicos y sociales, Mnemosine representa la posibilidad de construir identidad, cohesión y sentido histórico. Nos da la promesa de la continuidad, para recordar, reflexionar y aprender del pasado, manteniendo una conexión con el acontecer del mundo y lo humano y así evolucionar y progresar como individuos y sociedad. La figura del “desconocido” como es el caso del soldado sin nombre homenajeado en monumentos de diversas naciones, funciona como símbolo de memoria colectiva. Aunque su identidad individual se pierde, su presencia representa a todos aquellos que murieron sin ser reconocidos. En Venezuela existe un monumento dedicado a los soldados desconocidos de las guerras de independencia, ubicado bajo el Arco de Triunfo de Carabobo en el Campo de Carabobo. Este gesto histo rico evidencia la necesidad de otorgar significado y pertenencia a quienes, aun sin nombre, forman parte de la narrativa nacional.
Los niños fallecidos en La Guaira no murieron en combate, pero fueron víctimas de las descontroladas fuerzas de la naturaleza. En el doble terremoto del pasado 24 de junio de 2026, que los privó de futuro y de identidad. Su sepultura en el Cementerio de la Esperanza adquiere una dimensión simbólica particular: la esperanza, según el mito de Pandora, fue el único bien que permaneció en la caja tras la liberación de todos los males. Estos niños sin nombre, sin embargo, perdieron incluso eso: la esperanza. Es un compromiso para con la memoria colectiva la construcción de una identidad cultural en torno a estos niños desconocidos, a través de monumentos, rituales, prácticas conmemorativas o símbolos compartidos. Es un deber ético y social. Preservar su memoria permitirá reconocer su existencia y dignidad, fortalecer la cohesio n del colectivo venezolano, evitar la disolucio n psí quica asociada al olvido y responder a la pregunta fundamental, ¿quie nes eran estos nin os? La memoria no solo honra a los muertos; tambie n sostiene a los vivos, permitiendo que una sociedad se reconozca en su historia y en sus pe rdidas. Frente a la magnitud de la tragedia, Venezuela enfrenta una encrucijada simbo lica: beber de Lete y olvidar, o beber de Mnemosine y recordar. La memoria es un derecho y una responsabilidad colectiva. No debemos actuar como las almas del Hades que renuncian a su identidad en las aguas del olvido. Para cerrar, resuena en mí algunos de los versos del poema: Los hijos infinitos, del poeta Andrés Eloy Blanco.
“Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños que la calle se llena/ Y cuando un niño grita, no sabemos si lo nuestro es el grito o es el niño/ Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro y el corazón afuera Y cuando se tienen dos hijos se tienen todos los hijos de la tierra, los millones de hijos con que las tierras lloran”.
Que estos niños sin nombre encuentren, en nuestra memoria, el lugar que la tragedia les negó .
1Sucesos
Agosto 2026
Carolina Angel de Chirinos Lic. En Psicologí a. M.Sc Analista Junguiana. Didacta y Supervisor. Carolinachirinos_a@hotmail.com
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